La Paz se firma con Lápiz

La paz se firma con Lápiz

En Colombia, la guerra siempre ha sido por la tierra. La resistencia es un factor desatado por el hecho de que para ninguna persona es fácil perderla, y perder con ella su identidad, su cultura y su raíz. En ningún caso podemos aceptar que hablar de “la paz” sea un concepto universal. Como si se tratara de ponernos “el chip de la paz”. Hay quienes dicen que tener libertad es tener paz, o que tener tranquilidad es tener paz. Pero la libertad de unos es la intranquilidad de otros y la tranquilidad de unos restringe las libertades de otros.

Cuando un niño dibuja lo que le gusta, lo que le permite estar en paz, no dibuja precisamente una paloma blanca con un ramo de olivo en el pico. Los niños dibujan campos con animales, árboles y flores. Dibujan a su familia, a su mejor amigo o a su mascota. Se dibujan jugando, bailando, corriendo o dibujan lo que quieren ser, lo que sueñan. Pero no solo dibujan para ellos. Hacen dibujos para regalar a una persona especial, y siempre quieren hacer más de uno con las cosas más sencillas pero significativas de la vida. Las cosas que les dan paz.

Aún con este universo de emociones que construyen la paz, el poder ha limitado los conceptos de paz a las conveniencias de los partidos políticos, a lo que es indispensable para las economías que nos rigen, o a lo que el estado considera apropiado o inapropiado. Y no es justo que pensemos la paz así, como una verdad de unos que no es para todos. Como un testamento escrito a máquina, incuestionable e inmodificable. La paz no es así. La paz se escribe con lápiz porque a cada momento de diálogo y convivencia re-escribimos la realidad de nuestro entorno y del país, porque es un concepto inacabable y es además, un sentimiento diferente en cada uno de nosotros. Y si no entendemos eso, probablemente nunca tendremos paz.

Habrá quienes digan que quieren la paz para dejar de ver las mismas noticias todos los días. Algunos dirán que ya están en paz. Las víctimas pensarán que ya nada les devolverá la paz. Lo cierto es que viviendo en uno de los países más desiguales del mundo, nuestra necesidad es la de expresar la realidad de paz que vive en cada uno y tratar de hacerla realidad a toda costa. En ese camino, hay quienes pueden ayudar a otros a expresar y alcanzar su paz o a dar el primer paso.

Es precisamente por eso y para eso, que La Vagoneta deja en su paso por Bogotá una herramienta móvil que servirá a la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Seguridad para acercarse a las diferentes localidades a convocar a sus habitantes a un entorno de convivencia y reconocimiento de sus derechos humanos, aplicando la educación como propuesta para el desarrollo de esa paz que cada quien quiere para su vida.

“El Lápiz” es un sólido pentagonal cuyas caras se pliegan para convertirse en sillas y mesas. En su interior o eje central, contiene materiales para el desarrollo de talleres didácticos enfocados a los derechos humanos. Su proceso de diseño y construcción se dio durante julio y diciembre de 2015, en el programa de gobierno de la Bogotá Humana. Desde este espacio esperamos que el nuevo gobierno de continuidad a su ejecución y lleve a las comunidades estas iniciativas para la construcción de paz.